2d7c08db-9d87-43ce-921f-513acca86f7e-2060x1236

octubre 27, 2016

Más de 100 días tras el Brexit. ¿Qué ha cambiado?

Tras más de cien días al frente del Gobierno británico, la sucesora de David Cameron en el cargo, Theresa May, líder del Partido Conservador en Reino Unido, se ha hecho fuerte en su postura, resumida en el eslogan: “Brexit is Brexit”. Así pues, el Brexit es ya una realidad de la que sólo resta saber la dureza con la que va a producirse.

May, considerada ya por muchos como la sucesora de La Dama de Hierro, ha afirmado que a finales de marzo de 2017 –algo más tarde de las previsiones realizadas por muchos analistas políticos- invocará el artículo 50 del Tratado de Lisboa, precepto relativo a la retirada de un Estado Miembro de la Unión. Las negociaciones con el Consejo sobre la forma de llevar a cabo esta salida y las consecuencias internacionales que traerá consigo, no obstante, se aventuran muy duras y largas.

Por una parte, el Reino Unido sufre continuas presiones de los mercados europeos, algo que ha debilitado considerablemente a la libra esterlina en los últimos meses, amenazando su posición dominante dentro de la Unión antes del Brexit. Además, May ha mantenido tensas conversaciones con los líderes de Escocia, Gales e Irlanda del Norte, evidenciándose en algunos casos que no todos dentro del Reino aceptan de buen grado la salida de la Unión Europea, algo que podría provocar una crisis constitucional de graves consecuencias. Paradigmático resulta el caso de Nicola Sturgeon, Primera Ministra escocesa, que ya ha advertido a May de su intención de convocar un segundo referéndum en Escocia si no tienen voto en el proceso de salida del Reino Unido de la Unión.

Por otro lado, la virulencia de las conversaciones entre los miembros del Consejo Europeo y la Primera Ministra británica, ejemplificada en el deseo de la Unión de que las negociaciones se lleven a cabo en francés, alerta sobre la posibilidad de que el Reino Unido promueva no ya el llamado Hard-Brexit, sino un Brexit inflexible en el que resulta especialmente temible la propuesta aparecida el pasado fin de semana en la prensa británica y que ha sido denominada como “BRUTAL BREXIT”, consistente en abandonar el Mercado Único así como la idea de un acuerdo comercial entre el Reino Unido y la Unión, y reducir el impuesto de sociedades en Reino Unido del 20% a un 10% como medida para atraer nuevos inversores y evitar la huida de las multinacionales, algo que, por cierto, ya experimentaron en países como Singapur o Hong Kong, con excelentes resultados.

Por contextualizar esta información, Francia tiene un Impuesto de Sociedades del 33,3% sobre el beneficio económico de la empresa; Italia, del 31,4%, Alemania del 29,72% y España del 25%. Con una hipotética reducción al 10%, Reino Unido sobrepasaría el atractivo –y polémico dentro de la Unión- 12,5% de Irlanda, convirtiéndose así en uno de los puntos de inversión más atractivos del Atlántico y en un competidor muy a tener en cuenta para la propia Unión, que lucha por la armonización fiscal desde hace tiempo.

En conclusión , el Brexit plantea un arduo e histórico reto tanto para el Reino Unido como para la Unión. El tiempo transcurrido desde el referéndum del pasado 23 de junio parece dejar claro que las relaciones entre ambas partes se han deteriorado, aflorando aversiones mutuas que no invitan a vaticinar, a priori, una conclusión pacífica. En todo caso, el halo de incertidumbre que rodea al Brexit y sus posibles consecuencias sume en estos momentos a Europa en un clima de tensión del que nadie puede prever sus consecuencias.

Apelando a la vieja maldición china, vivimos tiempos interesantes, sin duda. Pero conviene recordar que la palabra “crisis”, en japonés, está conformada por dos vocablos íntimamente relacionados: “peligro” y, casi más importante, “oportunidad”. Y es que es probable que estemos en tiempos sólo aptos para valientes que estén dispuestos a ver en la adversidad, a pesar de todo, una oportunidad.

Jesús Soler Robles

Comentar