Cronicas Lemat

junio 21, 2017

Crónicas Lemat Vol.1 – El gran mar del Derecho

Hoy para iniciar estas crónicas sobre el mundo de la abogacía vamos a empezar desde el principio, bueno desde los primeros días antes de que las puertas de la facultad me soltaran al mundo laboral, o lo que yo llamo “El gran mar”.

 

Os pongo en situación, primer día de Universidad, clase de Derecho Civil I y con toda mi porción de mesa impoluta y un orden propio de un estudiante novato apareció un señor de mediana edad, bigote poblado y aires de conocimiento por todos sus poros, pero fue su frase la que introdujo nuestras mentes en un gran acuario del que nunca saldríamos “Vosotros sois tiburones . . . o al menos algunos de vosotros”. Nos miramos unos a otros y sólo veía caras desconocidas que se debatían extrañadas entre sí esas palabras eran de ánimo o de réplica, y lo más curioso de todo es que con el tiempo me percaté de que eran ambas.

 

Sentado en la piedra del recibidor de la facultad, que fría estaba siempre por cierto, me di cuenta que no era la primera vez que alguien nos pone como los malos y si estábamos hablando del mar con quién nos iban a comparar si no. No fue la primera vez  y por desgracia no ha sido la última, es más, creo que si me dieran 10 céntimos cada vez que alguien me ha dicho algo malo sobre los abogados las palabras que ahora leéis las estaría escribiendo desde un yate en el Caribe.

 

Volviendo a la analogía, si bien es cierta en algunas ocasiones, nunca fue aceptada por mi parte ¿Por qué ver siempre a los abogados como malos? ¿Qué preferís, la agresividad de un tiburón o la inteligencia de un delfín? Ya que si algo he aprendido en mis años de abogacía es que para ser un buen letrado tienes que tener dos cualidades fundamentales, la inteligencia y el trabajo en equipo ¿Sabíais que el delfín siempre va en grupos de entre 4 y 8 miembros? Ahí lo dejo . . .

 

Pasaron los años de aprendizaje y sentado de nuevo a tres bancas de la misma mesa que la de aquel muchacho joven al que compararon con un tiburón y cuyo orden se acercaba más en ese momento al del veterano que al del novato, una frase me sacó del aletargamiento para ganar toda mi atención, fue la profesora de Derecho Financiero II la que la pronunció con una alarmosa convicción “Tenéis que ser abogados pulpos”. Y así sin más siguió su explicación tras aclarar que con pulpo simplemente se refería a que debemos ejercer todas las ramas del derecho, aunque no tuviésemos ni idea de lo que estamos haciendo.

 

¿Un pulpo? ¿En serio? Saqué mi libreta imaginaria con analogías relacionadas con el mar y como un niño viendo los cromos “repes” de su amigo me di cuenta de que tenía un nuevo animal que añadir a la lista.

 

Aunque tengo algo que añadir a esto, ¡Que equivocada estaba señorita! Y es hoy en día, cuando tras sustituí la puerta de piedra por la puerta de madera de la calle Jesús y María número 16 cuando me doy cuenta que no hay mejor manera de progresar que apoyarse en compañeros especialistas para formar un gran mar de sabiduría donde todos tengan su espacio.

 

Por ello es en ese mar donde este pequeño pez que hoy os habla se hace cada vez más grande y cada vez más sabio.

 

Continuará . .

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